En 1997 se lanzó una sonda espacial, con una singular misión. Adentrarse en los confines del universo; hasta los límites del sistema solar, y más allá. La sonda era la Voyager1 y, después de observar y estudiar casi la totalidad de nuestro sistema solar, gracias a los impulsos de las órbitas de los planetas exteriores, se adentró en lo que se denomina la heliofunda (en los confines de las influencias cósmicas del sistema solar).

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